Sennheiser

En busca de la perfección acústica

¿Qué es la música? La música es mucho más que simplemente sonidos, más que la suma de sus ritmos, melodías y armonías. La música no sólo actúa sobre nuestros oídos, también estimula nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestra alma. La música puede intensificar nuestras emociones, influir en nuestra identidad y transportarnos a épocas anteriores. O, haciendo referencia a una cita famosa, “La música pone palabras a lo que no puede expresarse.”

Los audiófilos, –del latín “audire”, escuchar, y del griego “philos”, alguien que ama– son similares a los custodios del Santo Grial entre los apasionados de la música. Estos “amantes del sonido” se han dedicado a la búsqueda de la máxima experiencia auditiva, y por tanto, a la perfección de la reproducción musical. Están librando una batalla contra lo que consideran como la creciente devaluación de la música en todo el mundo. Detestan la calidad abismal de la interminable música enlatada que se escucha en tiendas y restaurantes, a la que consideran una violación de la música como patrimonio cultural. Desean redescubrir la pasión por la música y encontrar la bondad y la pureza del sonido. “Si una persona nunca ha llorado cuando escucha música”, explica un audiófilo, “nunca entenderá lo que significa la más alta calidad”. O, como lo manifiesta una cita anónima, “la música le pone palabras a lo que no puede expresarse, calma la mente y le da un descanso, cura el corazón y lo integra, fluye desde el cielo hasta el alma”

Agudos sedosos y graves intensos

El movimiento de los audiófilos se inició hace aproximadamente treinta años. Los perfeccionistas en audio se sentían insatisfechos con el sonido de sus sistemas de alta fidelidad y dedicaban una gran cantidad de tiempo soldando cables meticulosamente y jugando con cualquier componente posible en busca de un mejor sonido. Actualmente, el movimiento abarca a más de un millón de amantes de la música. Los audiófilos se reúnen en sus propias ferias y exposiciones para hablar de graves “intensos” y agudos “sedosos”, y para discutir sobre la profundidad del sonido, las ondas estacionarias o las interferencias; los fabricantes ofrecen a los perfeccionistas del sonido equipos de audio cada vez más sofisticados, lujosamente terminados –con frecuencia al mismo precio de un auto pequeño– y accesorios exóticos como purificadores de potencia, cables gruesos con chapa de oro o generadores de 8,000 watts que les permiten generar electricidad libre de interferencias en su propia casa. Las tiendas especializadas ofrecen probar las entradas eléctricas en las casas de los audiófilos para determinar su influencia sobre la reproducción de sonido; estas entradas –con un costo de varios cientos de euros cada una– son prácticamente iguales a la versión de cinco euros que se puede encontrar en una tienda de “Hágalo usted mismo”. 

El Santo Grial para todo audiófilo es la reproducción absolutamente original de la música, tal como fue tocada en el estudio, lo que significa que cosas como los controles de graves y agudos no son vistos con buenos ojos. Los micrófonos juegan un papel fundamental, ya que estos son el primer eslabón de la cadena de grabación y, por lo tanto, son fundamentales para la calidad de la reproducción de sonido. También los audífonos tienen que satisfacer demandas muy especiales en el mundo de los audiófilos. Con los audífonos, el sonido actúa directamente sobre el canal auditivo y no sobre toda la cabeza, como cuando escuchamos de manera natural. Además, como los lóbulos de las orejas se “desactivan”, el efecto espacial natural que se produce al escuchar un sonido sólo puede lograrse a través de medios altamente sofisticados. Con la ambición de producir nada menos que los mejores audífonos en el mundo, los expertos de Sennheiser comenzaron a desarrollar la versión “Orpheus”. Finalmente, en 1991 presentaron sus audífonos electrostáticos con preamplificador de tubo, superando así todas las expectativas. Los audífonos dinámicos también se perfeccionaron y refinaron constantemente, dando por resultado modelos como el HD 650, con su lujosa imagen y su excepcional reproducción natural del sonido.

Pasión y perfección

Cuando una persona se deja llevar por la pasión, tiende a irse a los extremos. Se sabe que algunos audiófilos, al construir su casa, han colocado las bocinas de bajos en los muros de la sala y después distribuyen todos los cuartos alrededor de su sistema de alta fidelidad. Algunos otros tiran paredes o rediseñan cuartos completos en su esfuerzo por lograr una acústica perfecta. Estos perfeccionistas del sonido frecuentemente son objeto de burlas. En un mundo en el que un superauto de 300,000 euros es reconocido como un símbolo de estatus social, al propietario de un sistema de audio de 200,000 euros se le considera más bien como un excéntrico. Pero a los verdaderos audiófilos no les importa. Para ellos, la reproducción perfecta de la música es con frecuencia tanto una ciencia como una religión. Entre ellos, los objetivistas exigen evidencias perceptibles de los beneficios derivados de las innovaciones y los equipos adicionales, mientras que los subjetivistas sólo se basan en su sentido del oído, sin importar si la mejoría en el sonido puede o no demostrarse en el papel. Los audiófilos oyen cosas que los escuchas normales ni siquiera notan –y quizá nunca lo hagan–  al igual que un experto en arte percibe instantáneamente en una pintura un sinfín de detalles que el observador promedio nunca captaría. Por lo tanto, muchas personas simplemente se sorprenderán (o moverán la cabeza) al enfrentarse a la mística parafernalia de los audiófilos: tazones dorados de sonido colocados alrededor del cuarto que vibran para que la voz se escuche con más profundidad; o “animadores espaciales” que reordenan las moléculas del aire de forma tal que mejoran el sonido del cuarto de manera definitiva. La pasión por la música y el sueño de una reproducción de sonido perfecta permite a los audiófilos aventurarse dentro de dimensiones sonoras que permanecerán por siempre cerradas para el escucha promedio…