Sennheiser

¡Qué escándalo!

Seguramente no fue su sentido del oído lo que hizo al ser humano la especie dominante en el planeta. Muchas especies animales superan al hombre en este aspecto.

Especialmente en la gama de frecuencias altas, la habilidad para escuchar del ser humano es bastante mala en comparación con la de otras especies, siendo la frecuencia máxima audible de tan sólo 20 kilohertz. Los animales domésticos como los perros, los gatos y los ratones pueden percibir sonidos en una gama de frecuencias hasta de 50 kilohertzios. Los delfines y las ballenas pueden escuchar en una gama hasta de 80 kilohertzios. Los saltamontes, que no tienen oídos, captan vibraciones sonoras extremadamente silenciosas a través de unas delgadas membranas circulares llamadas tímpanos que se encuentran en sus patas e incluso reconocen la frecuencia de los sonidos y los interpretan. De hecho, son similares a los micrófonos y altavoces que también captan y generan sonidos utilizando membranas delgadas. Su tecnología se ha refinado continuamente a través de décadas, llevándolos a registrar y reproducir sonidos que exceden por mucho la gama auditiva del ser humano.

Muchas especies animales no sólo tienen la habilidad de escuchar sino de producir sonidos de alta frecuencia. Utilizan estos sonidos para diferentes propósitos: las ballenas y los delfines emiten sonidos ultrasónicos tanto para comunicarse como para orientarse, y su cerebro convierte las ondas de sonido reflejadas en una imagen de su entorno. Esto es ideal para orientarse bajo el agua, ya que la visión es extremadamente limitada a grandes profundidades. Las ondas sonoras, por otra parte, se propagan cuatro veces más rápido en el agua que en el aire, con menor pérdida de energía.

El sonido ultrasónico es también un excelente medio de navegación en el aire, especialmente durante la noche. Por ejemplo, los murciélagos encuentran su camino emitiendo chillidos de alta frecuencia e interpretando posteriormente su eco. Algunos tipos de murciélagos incluso producen sonidos tan fuertes como los de un taladro neumático. En tales casos, el espectro auditivo tan limitado del ser humano es una bendición, ya que los ruidos de la noche le serían insoportables. El reino animal, en conjunto está plagado de sonidos curiosos. Los arenques, por ejemplo, se comunican forzando el aire desde sus vejigas natatorias hasta el conducto anal, produciendo así sonidos vibrantes de alta frecuencia que pueden cubrir tres octavas. Cada noche, la rana macho china que habita en arroyos y cascadas entona canciones que podrían compararse al canto de cualquier pájaro, alcanzando frecuencias que van mucho más allá del espectro auditivo del ser humano. La complejidad y la frecuencia de los sonidos determinan las oportunidades que tiene la rana macho para atraer al sexo opuesto. La música es el alimento del amor.

Los elefantes también tienen talento para imitar voces. Una hembra elefante del Parque Nacional de Tsavo en Kenya puede imitar el ruido del motor de un camión que transita a dos millas de distancia en la carretera de Nairobi. A los elefantes les gusta comunicarse con sonidos muy suaves, por ejemplo utilizando sus patas.

La ardilla de tierra colombiana, un roedor de Norteamérica, advierte a sus compañeros sobre el peligro emitiendo sonidos ultrasónicos que sus enemigos no pueden escuchar. En el reino animal, un sentido excepcional del oído es con frecuencia una forma de supervivencia en la selva.

Pero incluso el más desarrollado sentido del oído no siempre es de ayuda. La polilla egipcia del algodón está equipada con un sentido del oído muy fino que generalmente le advierte sobre la proximidad de un murciélago. También cuenta con un sentido del olfato muy desarrollado. Desafortunadamente, este sentido del olfato a veces puede ser una desventaja: cuando el macho de la polilla capta el aroma de una hembra que está lista para aparearse, su sentido del oído se desactiva temporalmente, e incluso el chillido de un murciélago cercano no dispara su instinto para volar. Parece ser que el amor no sólo es ciego, sino también sordo.

Lo mejor del reino animal

  • El sonido más fuerte del reino animal lo genera un pequeño animal, el camarón pistola. Con una pinza exageradamente grande que semeja un guante de boxeo en su pata anterior, el camarón produce una burbuja de aire (burbuja de cavitación) que implosiona con un fuerte disparo de 150 a 200 decibeles.
  • A este camarón le siguen muy de cerca la ballena azul y la ballena de aleta que se “hablan”  entre sí hasta 180 decibeles.
  • El animal terrestre que emite el ruido más fuerte es el mono aullador. Para emitir su estridente chillido utiliza una gama de frecuencia de alrededor de 200 hertz, lo que es ideal para ser escuchado en la densa selva tropical.
  • La capacidad auditiva del lince es proverbial. Sus grandes orejas con mechones que llegan a medir hasta 40 cm. de largo pueden funcionar casi como antenas, lo que le permite diferenciar de manera precisa los diferentes sonidos. El lince puede escuchar a un ratón susurrando sobre el pasto a 65 metros de distancia.
  • El gorila tiene el tímpano más grande, mide aproximadamente 97 milímetros cuadrados. En segundo lugar se encuentra el tímpano de la vaca doméstica, de 86 mm2, seguido por el del caballo, de 75 mm2 y el del ser humano de 62 mm2.

Especialistas en ultrasonido

Desde hace mucho tiempo se sabe que los murciélagos y algunos tipos de roedores se comunican a través de ultrasonido. La rana china que habita en cascadas y arroyos acaba de entrar en la lista. Fue recientemente descubierta por un grupo de exploradores chino-estadounidenses en la región este de China. La rana china (amolops tormotus) es una rana rara y más bien pequeña que habita en las montañas de Huangshan en donde hay muchos manantiales de agua caliente y cascadas. Para poderse hacer escuchar contra el constante ruido del agua, esta rana ha recurrido a un truco acústico: ha expandido el espectro de su voz para incluir el ultrasonido. La rana macho tiene unas aberturas auditivas en forma de embudo y es capaz de producir llamados más parecidos al canto de un pájaro que al croar de una rana. Su llamado supera fácilmente los 20 kilohertz, y por lo tanto, el umbral del ultrasonido.