Pocos artistas se mueven con tanta naturalidad entre fronteras musicales como Daniel Ho. Ampliamente asociado con el ukelele y la música hawaiana, ha pasado décadas trazando un camino mucho más amplio de lo que cualquier género (o instrumento) pueda contener. Su trabajo abarca el jazz contemporáneo, colaboraciones musicales en todo el mundo, educación musical y diseño de instrumentos. Su prolífico catálogo en solitario también sigue evolucionando con cada proyecto. Sin embargo, no importa hacia dónde lo lleve su creatividad: su carácter alegre y espíritu aventurero siguen siendo inconfundibles.
El enfoque independiente de Ho en los negocios desempeña un papel fundamental en su libertad artística. Tras una primera etapa liderando un grupo de jazz contemporáneo que llegó a las listas en los años 90, se apartó del sistema tradicional de las discográficas y construyó una carrera autosuficiente basada en su estudio casero, mucho antes de que se convirtiera en la norma.
En lo musical, el enfoque de Ho combina una precisión académica con un respeto sincero por la cultura, el oficio y el sonido. Tanto en la producción de sus propias grabaciones, como cuando diseña un nuevo instrumento junto al maestro luthier Pepe Romero Jr., o al crear contenido en video con herramientas como el Sennheiser Profile Wireless, Ho aporta una claridad intencionada a todo lo que toca.
Esa misma claridad brilla en la conversación mientras reflexiona sobre la creatividad, sus herramientas de trabajo y la búsqueda de una expresión auténtica.
Tu música y tu habilidad con los instrumentos abarcan muchos géneros. ¿Cómo mantienes tu voz característica siendo tan versátil?
Daniel Ho: Estudiar composición para cine en la Grove School of Music me permitió comprender y evaluar diferentes estilos musicales. En mi juventud, tuve un mentor que vio cierto potencial en mí. Me dijo: “La versatilidad es fundamental para seguir trabajando en tu campo”. También me explicó que la mejor manera de aplicar este enfoque generalista es escribir con mayor conocimiento sobre cada instrumento si lo tocas. Yo tocaba la batería en una banda de música, el bajo en una banda de jazz y también tocaba piano. Esa es la base de la que provengo.
Tu carrera profesional real comenzó a principios de los años 90, cuando firmaste con una discográfica. Aun así, desde entonces, te has mantenido relativamente independiente. ¿Por qué hacer ese cambio?
La única razón fue la necesidad. Mi primer contrato discográfico fue de 1990 a 1995 en el ámbito del jazz contemporáneo, liderando una banda llamada Kilauea, que tuvo un éxito moderado. Estuve tan solo cinco años componiendo en ese género. Al final, terminas atrapado en los límites que definen el género.
Durante esa etapa de mi vida acumulé suficientes éxitos en las listas Billboard, R&R y Gavin como para poner en marcha mi propio sello discográfico. Y tener compañía discográfica propia te daba la libertad de tocar y trabajar en distintos géneros.
Así que me hice dos ADAT, los puse juntos y pude disponer de 16 pistas de grabación digital en casa. Empecé a crear mi propio material y a grabarlo en casa. La tecnología me permitió ahorrar decenas de miles de dólares en cada disco. Y esto ocurrió a mediados de los 90.
También compré
danielho.com, para que mi discográfica tuviera conexión directa con mi público. Comencé aprendiendo cómo hacer una página web básica. Compré un libro con un CD-ROM que me permitió aprender a trabajar con Photoshop. Luego conseguí una cámara digital barata y empecé a hacer las portadas de los discos. Grabé un álbum instrumental en solitario y comencé a hacer giras internacionales.
Profesionalmente, eso me permitió trabajar con la guitarra hawaiana slack-key. Después el ukelele se hizo popular, empecé a tocarlo, y terminó siendo el instrumento con el que más se me asocia. Me ha llevado por todo el mundo.
Hablando de “todo el mundo”, tu trabajo con diferentes grupos a través de tantas culturas, países y estilos tan diversos es impresionante. ¿Cómo afrontas estas experiencias?
El requisito previo para hacerlo es tener suficiente conocimiento y habilidad para que los músicos no tengan que simplificar su música para colaborar contigo. Lo segundo es que, por respeto a la cultura y música indígena, normalmente grabo primero lo que ellos hacen y después añado elementos.
He escuchado a músicos indígenas contarme que, en ocasiones, alguien los graba cantando y luego coloca esa grabación sobre una pista de música dance. Así terminan con esa melodía aborigen sonando de fondo. Ese no es el modo en que yo presento su cultura. Creo que ellos valoran el hecho de que su música pueda ser más accesible para el público occidental, pero esa música se mantiene intacta.
Comentabas que la gente te ha encasillado con el ukelele. ¿Es el instrumento al que recurres por defecto en estos proyectos?
Mis tres instrumentos principales son el piano, la guitarra y el ukelele. Toco lo que la canción requiera. En el caso de una canción como “Gray Sparrow’s Heartache” del álbum “Between the Sky and Prairie”, una pieza mongola con acordes largos, toqué el piano porque necesitaba los sostenidos. Pero si es una canción rápida y alegre, como las típicas de los brindis, la hago con un ukelele.