“Empieza a acostumbrarte al hecho de que es exactamente así como se te permite estar en esta sala”.
“Perfecto, pero ¿qué quieres que haga allí? ¿Cargar cajas que pesan lo mismo que yo?” Esa fue la irónica respuesta de Sabrina Sudhoff cuando, en los años noventa, un amigo le preguntó si quería echar una mano en Kulturfabrik Krefeld, un espacio gestionado por voluntarios en la periferia de la región alemana del Ruhr. Aun así, Sabrina decidió ir y, con el tiempo, su determinación le llevaría a algunos de los escenarios más importantes de Europa.
Al principio, nada estaba claro.
Pero en aquel entonces y en aquel momento, nada era evidente. Hoy, Sabrina sonríe al recordar: “En aquella época no tenía ni idea de qué iba a hacer tras terminar la escuela. Estudié filología inglesa y alemana, pero sin un rumbo claro”. Y, como Sabrina descubrió muy pronto, lo de Kulturfabrik no tenía nada que ver con cargar cajas. Se trataba de un equipo, de trabajo colaborativo, de hacer posible algo que, horas o días después, emocionara o conmoviera al público: “No se trata de un mero servicio que ofrezcas de cualquier manera. Esto lo comprendí realmente mucho más tarde. De noche, tienes a mil e incluso a diez mil personas delante del escenario. Y están ahí porque nosotros lo hacemos posible; porque es nuestro oficio el que permite a toda esa gente vivir la experiencia de esa actuación”. Ese sentido de trabajo en equipo, esa extraña especie de magia de Kulturfabrik, fue lo que atrapó a Sabrina, pero no como ayudante para transportar cajas.
“Muéstrame cómo se hace y yo lo haré por ti”.
En su lugar, buscó a personas que estuvieran dispuestas a recibir ayuda. Así es como conoció al ingeniero de iluminación Stephan Aue, que acudía a los conciertos con su propio equipo de iluminación. “Muéstrame cómo se hace y yo lo haré por ti”, le dijo. Pasó poco tiempo antes de que se viera sobre el escenario colocando y cableando escáneres. Y fue emocionante, realmente interesante. Poco después, comenzó a hacer grabaciones: “Y cuando está haciendo todo eso, obviamente tienes que averiguar cómo funcionan las rutas de las señales. A mí me impulsaba principalmente la curiosidad y siempre había que hacer algo nuevo. Y así, una cosa llevó a otra”. Muy poco tiempo después, en el año 2000, Sabrina fue una de las primeras personas que completó el programa oficial de aprendizaje para especialistas en tecnologías para eventos.
Antes de eso, no existía ninguna capacitación formal en Alemania: “El sector de los eventos en vivo lo formaban básicamente personas que encontraron su camino en este trabajo a través de contactos, perseverancia y fuerza de voluntad. El backstage estaba dominado por autodidactas y personas que venían de otros campos”. En aquel entonces, no era inusual escuchar cosas como: “¿Por qué debería enseñarte a hacer eso? Si lo hago, te convertirás en mi competencia…”
“A veces echo de menos ese brillo en los ojos de las personas”.
En la actualidad, las vías de acceso a la industria de los eventos en vivo son mucho más amplias, incluso existen grados universitarios. Los conocimientos teóricos se han vuelto más importantes, pero la experiencia práctica y de mercado sigue siendo esencial.
“Al final, no podemos evitar el hecho de que el sector de los eventos en vivo se ha convertido cada vez más en un sector industrial que ahora también debe cumplir estándares industriales. Esto cambia las expectativas en términos de capacitación y cualificaciones”. La forma en que las personas interactúan, toda la cultura, también ha cambiado. “La mayoría de nosotros crecimos en empresas muy pequeñas, casi familiares, a menudo formadas por tan solo un puñado de personas. Actualmente, los proveedores de éxito son empresas que cuenta con 80 o 200 empleados. Esto genera cambios en el trabajo diario, las cosas se organizan de forma distinta; todo sigue creciendo y sencillamente no se puede volver a trabajar como antes. Así es el mercado hoy en día. A veces echo de menos algunas cosas. Por ejemplo, el sentido de responsabilidad como equipo, todos juntos trabajando en la misma dirección para que salga bien. En aquel entonces, esa actitud de ‘el show debe continuar’ probablemente se llevaba demasiado lejos. Pero a veces noto ciertas tendencias, como una actitud de ‘hacer solo lo que se te pide’ o que los compañeros más jóvenes ven el trabajo como una mera profesión, y no como una vocación. En aquel entonces, tampoco hacíamos todo a la perfección y asumíamos riesgos, algo que no tenía sentido. Pero, a veces, echo de menos ese brillo en los ojos de las personas. No solo hay que gestionar los eventos; los tienes que sentir, y eso afecta a tu trabajo y a la atención que pones en él”.

¿La clave de la monitorización? “Presencia”.
Un enfoque central del trabajo de Sabrina es la monitorización, que hoy en día es principalmente intraural. ¿Existe un punto medio ideal para hacerlo de forma creíble y perfecta? Cómo gestionas todas las necesidades y sensibilidades distintas? ¿Cuál es el secreto?
“Presencia. El artista está en el escenario, te mira en algún momento y tú estás ahí. Cada instante. Y comprendo las señales, por crípticas que sean. Si me necesitas, me encontrarás ahí. Y si durante el ensayo te dicen que ‘hoy suena un poco raro’, mi trabajo consiste en traducir eso en una opción y responder: ‘¿mejor así?’ Y después encontramos juntos la solución. Y si transmites calma mientras lo haces, ayuda muchísimo. Tiene que haber confianza, y eso incluye cómo gestionas los errores; no basta con decir ‘lo siento’, sino explicar: ‘lo he analizado, ha pasado esto, la causa es esta e hice esto y aquello para asegurarme de que no vuelva a suceder’, así es como se construye la confianza”.
“Sin importar qué cuerpo habites”.
¿Sintió alguna vez que trabajaba en un sector dominado por hombres? “Sinceramente, nunca lo he llegado a sentir. Creo que en aquel entonces las mujeres eran bienvenidas, porque cambiaban la dinámica del equipo; hacía que las cosas fueran más livianas y cercanas. Actualmente, hay muchas más vías de acceso y cada vez veo más mujeres, sobre todo en iluminación. Mi entrada en este sector fue privilegiada; tengo cierta actitud, tuve suerte y me encontraba en el entorno adecuado para hacer lo que hago. Pero hay muchísimas mujeres que han vivido experiencias muy diferentes”.
¿Tiene algún consejo para las mujeres que comienzan? Silencio. Luego: “No hay que ser mejor que nadie ni saber más. Empieza a acostumbrarte al hecho de que tienes tanto derecho a ocupar espacio como cualquier otra persona. No tienes que encogerte de hombros y pensar que ‘este es un mundo de hombres en el que tengo que entrar de puntillas’. No. Entras y dices simplemente que ‘quiero hacer esto’. Punto. Se trata de ti como persona, no del cuerpo que habitas. Y no me refiero solo a quienes se presentan explícitamente como mujeres, hablo de todas las personas que se perciben como no masculinas”.
“Lo realmente importante no lo aprenderás en ningún tutorial”.
Hoy Sabrina Sudhoff trabaja como jefa de departamento y se encarga de todo lo relativo a los aprendices. Y comenta sonriendo:
“Porque me apasiona hacerlo, compartir mi experiencia. El trabajo es muy exigente, tanto en términos emocionales como de tiempo y técnicamente, a todos los niveles. Hay muchísimo que aprender, un sinfín de trucos y atajos. Y eso solo se aprende sobre y tras el escenario, con tus compañeros. No lo encontrarás en ningún libro ni en ningún tutorial. Y la mejor manera es aprovechar todas las oportunidades que se presenten. Quizá conozcas a gente que realmente siente y vive esa magia de los eventos ‘en vivo’. Y si ven esa misma magia en ti, te darán vía libre para preguntar cualquier cosa, de verdad, absolutamente todo. ¡Aprovéchalo!”
Información:
Sabrina Sudhoff siente pasión por la monitorización de artistas como Die Toten Hosen y muchos otros. Ha trabajado como coordinadora de splitters y jefa de equipo de audio en festivales de primer nivel como Rock am Ring y Summer Jam, y con menos frecuencia (“¡solo si me obligan!”), también se encarga del control de audio. En TDA Clair, Sabrina es directora de proyectos y de departamento, y supervisa el programa de capacitación/aprendizaje.